habitar la Pausa sagrada
- casasolsoledadmaur
- 30 dic 2025
- 3 Min. de lectura
Antes de que las nuevas semillas de la consciencia broten y la nueva identidad se exprese con fuerza, habitamos la pausa sagrada, transición entre identidades en la que las semillas toman fuerza y arraigo en el cuerpo. La nueva consciencia se ancla en el cuerpo, el cielo se enraiza en la tierra.

Tras el desprendimiento de patrones, creencias e identidades, atravesar los velos de la consciencia y habitar el vacío fértil, el proceso nos pide habitar la pausa sagrada. Mientras que el vacío fértil nos pidió confiar y permitir el desprendimiento de lo caduco a nivel mental y emocional; la pausa sagrada nos pide permitir la liberación de remanentes y el enraizamiento de las nuevas frecuencias y formas de habitarnos a nivel corporal. Mientras que en el vacío lo nuevo todavía no se instalaba, en la pausa sagrada lo nuevo ya está presente y lo que toca es integrarlo en el cuerpo para que pueda expresarse y reflejarse en nosotros y a través de nuestra vida desde tierra firme.
Hemos atravesado infinidad de velos, programas e identidades con las que nos habíamos confundido e identificado. El ser esencial que somos comienza por fin a respirar a través nuestro. Hemos dejado mucho atrás, liberándonos de las prisiones internas que condicionaban la experiencia. Lo nuevo ya tomó arraigo; aún no se ve en su totalidad, pero se siente con intensidad . La coherencia y transparencia del Ser se siente, se refleja y se respira a medida que se expande. Sentimos su pulso, su frecuencia, enraizándose dentro de nosotros: en el cuerpo, en el campo energético, en nuestra frecuencia, en nuestras relaciones, en nuestra vida, cada vez a niveles más profundos. Prevalecen la gratitud por cada paso del camino recorrido y la humildad ante el reconocimiento de la perfección del proceso y sabiduría del mismo.
La pausa sagrada es esencial y nos pide una sola acción: permitir. Permitir que aquello que el alma ya liberó se desprenda por completo del registro y de la memoria corporal.
Permitir que lo nuevo se integre y se asiente. Permitir la nueva forma de habitarnos. Permitir y sentir la nueva vida, guiando el paso y marcando el ritmo interno, el ritmo de la respiración, el ritmo del cuerpo.
Nueva información se va grabando y lo obsoleto y caduco se desprende naturalmente como las hojas secas. Los remanentes de heridas y experiencias pasadas hacen su última aparición para desprenderse de la memoria corporal. Hoy ya no se trata de sanar, sino de seguir integrando las nuevas frecuencias y actualizar conscientemente la experiencia corporal. Permitir que la nuevas frecuencias, vivencias y experiencias tomen arraigo en el cuerpo y grabar la nueva información coherente con el aquí y ahora.
Hoy estás a salvo. Hoy ya no hay que correr, ni pelear, ni demostrar nada, ni escapar. Sólo habitar el fuego del alma. Habitar la propia frecuencia en presencia consciente. Eres más que suficiente y siempre lo has sido. Hoy es seguro y tu derecho divino ser y expresar la verdad de tu alma. No hay antagonistas y la lucha termina cuando la ilusión por fin se desvanece y por fin ves que todo estuvo y está siempre al servicio de tu evolución. Finalmente puedes reconocerte seguro/a y a salvo en tu experiencia, en tu cuerpo, en tu tierra.
Y es entonces y sólo entonces, que la semilla del alma finalmente puede expresarse y florecer cuando el cuerpo se siente tierra segura para recibirla y sostenerla.
Te das cuenta que todo lo anteriormente vivido fue la preparación para este momento de florecimiento.
"Aquí y ahora, desde la pausa sagrada permito la integración y el enraizamiento de los aspectos ascendidos de mi consciencia a mi experiencia física. Permito que los frutos divinos florezcan en tiempo divino en mi y a través de mi existencia y presencia consciente. Bajando mi cielo a mi tierra y ascendiendo mi tierra al cielo".
Con Amor,






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